24Agosto

Centro Cultural y Comunitario Las Estancias: El encuentro entre vecinos todo lo logra, incluso robarle años a una casa vieja

Publicado en: Home, Ciudad Comuna, Comuna 8

Centro Cultural y Comunitario Las Estancias: El encuentro entre vecinos todo lo logra, incluso robarle años a una casa vieja

Por: Mateo Ruiz - Camila Santamaría

A la salida del tranvía la luz se vuelve enceguecedora. Los reflejos en los techos sobrecargan la imagen de las montañas que contrastan con el sol del 12 de agosto que era más ardiente y agotador que nunca. En esta ciudad hay una misma y única sombra que sólo se encuentra dentro de las casas viejas, una suerte de humedad ancestral, de frescura y viento susurrante. En la nueva sede de Ciudad Comuna y de la Biblioteca Una Luz Hacia el Futuro, en el barrio Las Estancias -de donde toma su nombre-, la sombra convoca a sentarse y a tejer, entre tintos servidos en vasos de colores.

En las gafas de Ignacio Arango no se reflejaba el sol. Los muchachos, que éramos más de veinte, nos dimos a las diversas tareas: unos reconstruían el jardín frontal que se puede mirar desde la calle o desde el gran ventanal del Centro Cultural y Comunitario; otros estuvieron encargados de las cámaras y grabadoras y otros, nos aventuramos a entrevistar al integrante de la Junta Administradora Local de gafas oscuras que llegó al iniciar la jornada: Ciudad Comuna se encarga de movilizar el tejido social, de permitir la participación ciudadana, dijo.

Después de media hora de discutir sobre las políticas a las que se enfrentan los grupos culturales y comunitarios, Ignacio concluyó que ya no podemos ser dependientes de lo público, “aunque se debe seguir participando en el presupuesto destinado para la ciudadanía”, planteó, e invitó a Ciudad Comuna a comunicar esa agenda pública para que más personas se apropien de esos recursos.

Las actividades empezaron a las diez de la mañana. Cuando muchos no habíamos llegado, un grupo de vecinos del Cerro de los Valores ya ayudaba arrancando la maleza del jardín. Un hombre de piel cuarteada y brazos moldeados construía una cerca de ladrillos alrededor, un niño mezclaba con una pala la arena y el cemento, mientras un perro dormía entre el material. El Centro Cultural y Comunitario Las Estancias es un gigante de paredes blancas y memorias apenas sondables, al que se le lavaron las arrugas con agua, un cepillo, pinceles y pinturas.

La casa le pertenece a la Sociedad de San Vicente de Paúl, aparenta tener, por lo menos, cien años. Las paredes son estriadas por las hendiduras de los ladrillos desnudos, pintados de blanco grumoso. Según Luis Echavarría, integrante de la Red de Bibliotecas Populares de Antioquia – Rebipoa, esta es “la casa de los albergues y los sueños”, porque en ella funcionó alguna vez una corporación deportiva, una cultural, un centro cívico y una casa de damas voluntarias. En 2013, cuando iba a ser cerrada, Rebipoa, buscando conservar la biblioteca que está instalada allí desde 1995, realizó una movilización social. Ahora, esta construcción llena de libros y personas, de cajas sin abrir, de techos restaurados, de muebles comodos y sus migajas de espuma, abre sus puertas nuevamente como un Centro Cultural y Comunitario.

Al medio día, las plántulas de lechuga sembradas le daban a la casa cierto aspecto de juventud. La Corporación Campo Santo facilitó la parte técnica del sembrado. Joaquín Calle, que todo el día anduvo con una mata entre las manos y tierra entre las uñas, dice que ha visto crecer a Ciudad Comuna como una agrupación encargada de la comunicación comunitaria que ha fortalecido la comunidad desde la visibilización de todo lo bueno.

En el Centro Cultural se comían tamales, entonces decíamos que pronto íbamos a poder comer más saludablemente con la cosecha de la huerta. No hubo el letargo común que sigue después del almuerzo, sino que hubo un nuevo impulso. El mural avanzaba y dejaba ver la silueta de un cuerpo leyendo sentado en la parte baja del muro, hojas de un libro al aire, un fondo de colores que asemejaba la montaña y las casas que serpentean en ella. En el extremo derecho, se hacía el bosquejo de una cámara proyectando una película multicolor. Paralelamente, la huerta comenzaba a ser hidratada con regaderas improvisadas en botellas de gaseosa, se instalaban equipos de sonido para una presentación de la Escuela de Hip Hop y Rap Zona 8 que se inició más tarde, y algunas personas de la comunidad se entretenían con tres juegos de mesa instalados en los alrededores de la casa.

Cerca de las dos de la tarde, un grupo de 15 adolescentes entraron a la sala principal de la casa. La cantidad de personas que estaban en el espacio, obligaron a trasladar la actividad que se tenía proyectada con ellos, al aula Ambiental del Cerro de los Valores. Con timidez, estos muchachos de El País de los Niños, compartieron su conocimiento sobre cómo interactuar, enseñar y aprender de los niños del barrio Pinares de Oriente. Cada uno lidera un grupo de cinco niños con quienes trabajan las diferentes regiones del país, buscando entender los territorios, comprender las costumbres, aprender sobre la Nación y convertirse en ciudadanos participativos.

Cuando el reloj marcaba las cinco de la tarde, las personas se agruparon en la sala principal del Centro Cultural. La cantidad era tal que algunos estaban de pie, recostadas contra las paredes o sentadas en el suelo: presagio del impacto social de esta nueva etapa. Primero intervino Libardo Andrés Agudelo, de Ciudad Comuna: “la propuesta surge en noviembre de 2016 en acuerdo con la Sociedad de San Vicente de Paúl, Rebipoa y la Corporación Ciudad Comuna. Hemos estado haciendo reformas físicas a la casa y planeando conjuntamente cómo dinamizarla”, planteó.

“El Centro Cultural y Comunitario es un espacio de encuentro, para la lectura y el aprendizaje. Se harán talleres de fotografía, periodismo, radio comunitaria; desde aquí se orientarán los medios de comunicación comunitaria de la comuna, como Visión 8, y el Centro de Producción Audiovisual; desde el Activatorio se buscará construir la memoria del barrio; se desarrollarán procesos de promoción de la lectura, la escritura y de participación ciudadana; también todos aquellos que involucren las expresiones artísticas del territorio.” Por su parte, Luis Echavarría en representación de Rebipoa, enfatizó en que era importante sacar el Centro Cultural a la calle, mejorar los servicios y abrirlo a la comunidad.

El caer del sol anticipaba la llegada de la noche y apagaba el calor que había acompañado la jornada, las luces se prendían en las casas haciéndolas parecer luciérnagas en la montañas ya difusas. Todos salimos al frente, junto al jardín, de cara a la calle. Se sacaron las sillas y comenzó el Hip Hop y el Rap, para entonces, la gente se juntaba, los viejos bailaban rap sin importarles lo anacrónico que esto pudiera verse.

Luego se proyectó una película, inaugurando así el ciclo de cine. Al terminarla, se compartieron los sueños que empezaban a formarse con la inauguración. Algunos se despidieron por el avance de la noche, otros nos quedamos hablando y celebrando. La celebración se extendió hasta la mañana siguiente cuando el tranvía volvió a abrir las puertas. El encuentro entre vecinos todo lo logra, incluso robarle años a una casa vieja. 

 

Lanzamiento Centro Cultural y Comunitario Las Estancias

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